HOTEL MUSEO
Los Infantes***
SIGLOS DE HISTORIA ENTRE SUS MUROS
Palacio del siglo XVII-XVIII convertido en hotel en el centro de Santillana del Mar, Cantabria. Trasladado piedra a piedra y reconstruido en el año 1974. Si quieres saber más sobre la historia del hotel, mira más abajo. Estará rodeado por arte e historia en todos los espacios. Es un auténtico museo decorado con gusto exquisito. Las instalaciones cuentan con preciosos salones y zonas comunes, un magnífico restaurante con chimenea central y otro capacitado para grupos, cafetería, terraza-jardín con vistas a la imponente fachada principal y WIFI gratuito en todos los espacios. Los desayunos buffet son muy completos con plancha caliente incluida y el personal siempre le atenderá con una gran sonrisa.
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HISTORIA
El Hotel Museo Los Infantes***, siglos de historia entre sus muros
El palacio que hoy conocemos como el Hotel Museo Los Infantes, se construyó en el siglo XVII en el vecino pueblo de Oreña, a tres kilómetros de Santillana del Mar. Fue edificado junto al brote de una fuente llamada La Valleja, en el barrio Padruno. Originalmente el palacio contaba con dos alturas. La fachada principal, que se realizó en sillería de piedra arenisca, se orientaba al sur, y un tejado a dos aguas desaguaba hacia la fachada principal y hacia la trasera. En 1730 el palacio fue reedificado por Don Diego García Calderón, capellán de honor del Rey Felipe V. Fue así mismo Canónigo presidente de la Real Colegiata de San Idelfonso y posteriormente abad en la Santa Catedral de Orense. Curiosamente el palacio nunca fue habitado y se dice que había una bolsa llena de monedas de oro escondida entre sus escombros. Si ha sido descubierta o no, es un misterio. Quién sabe, a lo mejor se encuentra aún entre sus muros en algún escondrijo entre las piedras de sillería. En la planta inferior se encontraba la capilla privada del palacio. Las escaleras daban acceso a la planta superior, donde se encontraba un espacio diáfano con una única sala que se usaba como lugar de reunión. Desde dentro del edificio, al fondo, se daba acceso a la antigua casa donde nació el capellán y dónde vivían sus padres.
Este palacio, como tantas otras obras de nuestra arquitectura medieval, estuvo a punto de cerrar su historia. Fue en 1974 cuando un joven D. Gervasio Mesones Canales, interesado en construir un Hotel en Santillana del Mar, se encontró con las ruinas de este palacio. Tan sólo quedaba en pie la fachada principal y una montaña de escombros, pero fue suficiente para quedarse embelesado con los diferentes motivos ornamentales; tréboles, cruces, llaves cruzadas, florones, jarrones… Supo ver el esplendor del palacio tan sólo admirando sus ruinas, y, gracias a esa visión, hoy podemos disfrutar del palacio totalmente reconstruido. Con paciencia y coraje, numeró piedra a piedra la fachada, la desmontó y la trasladó al corazón de Santillana del Mar, a la Avenida Le Dorat número 1. Hoy día sus herederos son ya los nietos de aquel joven emprendedor, quien junto a su hija Marisa Mesones, fueron de los primeros hoteleros de la monumental villa de Santillana del Mar. Mario Sánchez a cargo del Restaurante, Fernando a cargo del hotel y Maria Luisa de la contabilidad, regentan con orgullo y dedicación una tarea de mantenimiento de todas las joyas de obras de arte que decoran por doquier el bello establecimiento. Antigüedades de altísimo valor y hermosura le rodearán en cada espacio, desde la recepción, restaurante, salones y zonas nobles hasta cada habitación.
La fachada principal es una obra de arte en sí misma. Destacan en su decoración dos imponentes escudos, uno de la familia Calderón y otro en honor al Rey Felipe V. Los escudos fueron acolados en todo su contorno (decorados, ornamentados, para dotarles de mayor distinción). En la parte inferior aparecen dos sirenas recostadas y una máscara en la punta donde se juntan sus colas, aportando sintonía y simetría al conjunto.
El primer escudo, tallado en honor al Rey Felipe V, está dividido en cuatro partes y refleja un castillo mazonado, las armas de Castilla, el león rampante y las armas de León. El escudo se cimbra con la corona real acompañada en su parte superior por dos cabezas de ángeles alados. A cada lado del escudo, se representan dos guerreros provistos de lanzas y picas con vestimentas propias de los guerreros del S-XVII y XVIII .
El segundo escudo, de la familia Calderón, también acuartelado, representa una garza levantando el vuelo, las armas de García, Armas de Calderón (cinco calderas) y la torre almenada (complemento de las armas de Calderón). El escudo va timbrado por un yelmo adornado con plumajes donde parecen descansar dos niños desnudos. Bajo el yelmo aparece una pequeña máscara barbada y alrededor del escudo está decorado con una orla vegetal. El linaje de los Calderón es notoriamente originario de Cantabria, concretamente del pueblo y el puerto de Calderón, en Oreña, de donde salieron ramas que se dispersaron por todo el mundo. No todos los los genealogistas ceden el honor de la paternidad del linaje a Cantabria. Lope García de Salazar, en sus “Bienandanzas e Fortunas” les da un legendario origen basándose en la fábula del niño recién nacido, al que creyéndole muerto, arrojaron a una caldera, inmediatamente el bebé comenzó a llorar y, al comprobar que aún vivía, le apodaron Calderón.
En la inscripción tallada bajo los escudos reza lo siguiente:
HA HONRA I GLORIA DE DIOS Y A ESPENSAS DE DON DIEGO GARZIA CALDERÓN,
CAPELLÁN DE ONOR DE LA CATÓLICA MAJESTAZ DON JELIPHE V, QVE DIOS
GVARDE, CANÓNIGO PRESIDENTE EN LA REAL COLEJIATA DE LA SANTÍSIMA TRIAZ (trinidad)
EN EL REAL SITIO DE SAN YLDIJONSO, PRIMER EXAMINADOR SINODAL
DE SU RL (real) ABADÍA, REHEDIJICÓ ESTA OBRA AÑO DE 1730.
Los escudos destacan sobre el arco de medio punto que define la puerta principal.
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TUS ANFITRIONES
La familia Mesones y el personal del hotel.
Fue en 1974 cuando un joven D. Gervasio Mesones Canales, interesado en construir un Hotel en Santillana del Mar, se encontró con las ruinas de este palacio. Tal y como comentábamos anteriormente, hoy día sus herederos son ya los nietos de aquel joven emprendedor, quien junto a su hija Marisa Mesones, fueron de los primeros hoteleros de la monumental villa de Santillana del Mar y de Cantabria. Mario Sánchez a cargo del Restaurante, Fernando a cargo del hotel y María Luisa de la contabilidad y otros menesteres, regentan con orgullo y dedicación este hotel en la actualidad, siendo ya la tercera generación. Una tarea que conlleva el mantenimiento de todas las obras de arte que decoran por doquier el bello establecimiento, así como una ejemplar gestión directiva de este maravilloso hotel, que guarda entre sus puertas, la mejor joya, la calidad humana de su equipo de trabajo. La familia se ve ampliada por el personal del hotel; más de un 80% de la plantilla lleva trabajando más de diez años en el mismo. Algunos empleados como Marta Estévez, lleva ya más de 30 años. La familia Tila de Rumanía, para habitaciones, reparaciones o lo que haga falta. Irelys en los fogones, Rosa Belén en los desayunos y como no, Bea en la recepción. Todos destacan notablemente en sus funciones y ejecutan con maestría sus tareas. Lo podrán comprobar a la llegada en la recepción en su bienvenida, en la limpieza impoluta de las habitaciones, en el trato y el rico desayuno, en todo lo que miren, saboreen y toquen. Especial mención a los Gin-tonics de Mario en la terraza o cafetería del hotel. Traten siempre de escuchar los consejos acertados de Fernando por la mañana desde la recepción del hotel antes de salir cada día, podrán comprar entradas para muchas de las actividades con descuentos además de ser muy bien aconsejados en restaurantes, lugares de interés etc. Igualmente degustarán las exquisiteces que Irelys prepara con tanto amor, ¿qué más se puede pedir? Estos trabajadores se han ganado a pulso su puesto gracias a su esmero y buen hacer. Ejemplares, educados y muy trabajadores, siempre le saludarán amablemente cuando pase y con una gran sonrisa. Así pues, la entremezcla del ambiente profesional aderezado con el toque familiar, hacen un coctel que, en su justa medida, agrada a los huéspedes.
