Visitar Santillana del Mar es mucho más que recorrer un pueblo medieval considerado “uno de los más bonitos de España”. Es adentrarse en un escenario donde cada piedra cuenta una historia, donde conviven el arte rupestre de Altamira, los callejones empedrados, los palacios señoriales y la mejor gastronomía cántabra.
En este artículo te proponemos una odisea completa de un día en Santillana, con un planning cuidado al detalle: desde un desayuno con sabor local, pasando por experiencias únicas como perderse en el laberinto vegetal más grande del norte de España, hasta descubrir la Colegiata románica, museos sorprendentes y espectáculos inmersivos que hacen vibrar los sentidos. Todo ello acompañado, cómo no, de paradas gastronómicas para saborear lo mejor de la cocina tradicional de Cantabria.
Prepárate para un día intenso, lleno de cultura, naturaleza y sabor, en el corazón histórico de Cantabria.
Una mañana con sabor local
1. DESAYUNO EN EL HOTEL LOS INFANTES
El día en Santillana del Mar comienza temprano en el Hotel Museo Los Infantes. Allí, los viajeros pueden disfrutar de un desayuno buffet por 13,90 € entre las 7:30 y las 10:00, con una gran variedad de productos locales: quesos de la tierra, frutas frescas, bollería, embutidos y huevos con bacon recién hechos. También existe la opción de pedir a la carta, aunque el buffet resulta tentador por su abundancia y calidad.
2. NEOCUEVA DE ALTAMIRA
Con las fuerzas repuestas, la primera parada es la Neocueva de Altamira. Esta réplica fiel de la cueva original permite contemplar las famosas pinturas rupestres, conocidas como la “Capilla Sixtina del arte prehistórico”. La experiencia es sobrecogedora: los bisontes pintados hace más de 14.000 años parecen cobrar vida en la penumbra, transportando a quien los observa a un pasado remoto y misterioso.
3. MONTE CASTILLO
Tras maravillarse con el arte rupestre en la Neocueva de Altamira, el viajero continúa la jornada poniendo rumbo al Monte Castillo, también conocido como Pico Vispieres. Situado a poco más de dos kilómetros del casco histórico, este alto de unos 227 metros guarda entre sus laderas una historia fascinante: en la cima permanecen los restos de una torre medieval, levantada sobre una antigua fortificación romana que vigilaba la calzada de Agrippa, una de las vías más transitadas en la Antigüedad. Durante la Edad Media, el enclave fue clave como punto estratégico de control, pasando de manos de la Corona castellana a diferentes linajes nobles, hasta caer en desuso en el siglo XVI.
El ascenso al monte es sencillo y agradable, perfecto incluso para quienes buscan un paseo sin gran exigencia física. Desde el aparcamiento improvisado que se encuentra en una rotonda cercana a Vispieres, se accede a un sendero de tierra que en apenas una hora a hora y media conduce hasta la cima. La recompensa merece el esfuerzo: panorámicas espectaculares de Santillana del Mar, el valle del Besaya, la costa cantábrica e incluso, en los días más despejados, los imponentes Picos de Europa. Un escenario que invita a detenerse, respirar y conectar con la historia y la naturaleza en un mismo instante.
Mediodía de sabores cántabros
A mediodía, el plan perfecto es sentarse a la mesa en alguno de los restaurantes de la villa.
4. EL CASTILLO
En plena Plaza Mayor se encuentra El Castillo, un local de ambiente familiar que destaca por su cocina casera. Su carta incluye platos tradicionales cántabros como el cocido montañés, carnes guisadas y pescados frescos del Cantábrico.
5. CASA COSSIO
Otra opción muy recomendable es Casa Cossío, frente a la Colegiata. Reconocida por sus carnes a la parrilla de leña, ofrece chuletón, solomillo y costillas, además de pescados frescos preparados con sencillez y sabor. Sus postres caseros, en especial la tarta de la abuela y la tarta de queso, ponen el broche dulce a una comida inolvidable.
Una tarde entre historia y piedra
Tras la comida, llega el momento de sumergirse en el casco histórico de Santillana del Mar. Sus calles empedradas, sus balconadas floridas y sus casonas señoriales transportan al visitante a la Edad Media.
6. MUSEO DE LA TORTURA
La primera parada es el Museo de la Tortura, donde se exponen más de 50 instrumentos originales usados entre la Edad Media y el siglo XIX. La visita resulta impactante y dura alrededor de una hora, mostrando de manera cruda hasta dónde podía llegar la intolerancia en otros tiempos.
7. COLEGIATA DE SANTA JULIANA
Muy cerca se encuentra la Colegiata de Santa Juliana, la joya románica de Cantabria. Por 3 €, se puede acceder tanto a la iglesia como al claustro. Este último conserva capiteles magistralmente tallados con escenas bíblicas y motivos fantásticos, que invitan a detenerse en cada detalle.
8. PALACIO DE VELARDE
El Palacio de Velarde, único palacio renacentista visitable de Cantabria, ofrece una experiencia inmersiva donde la historia de Santillana cobra vida gracias a hologramas, proyecciones y sonido envolvente. En sus tres plantas se recorren cinco siglos de pasado, desde la nobleza local hasta episodios más recientes, con un estilo que combina espectáculo y divulgación. La visita dura unos 30 minutos y el precio de entrada es de 10 € (6 € para niños, 8 € para mayores y grupos).
9. MUSEO DE JESUS OTERO
Muy cerca de la Colegiata se encuentra el Museo Jesús Otero, dedicado al escultor cántabro que donó su obra al pueblo. Su colección incluye esculturas en piedra y madera, bocetos y objetos personales, además de un jardín exterior donde se celebran exposiciones temporales y actividades culturales. La entrada es gratuita, lo que lo convierte en una parada ideal para disfrutar de arte y tranquilidad en pleno casco histórico.
10. APOCALYPSIS
Para cerrar el día con una experiencia diferente, nada como adentrarse en Apocalypsis, un espectáculo inmersivo que sorprende tanto a quienes buscan arte como a los curiosos que quieren vivir algo fuera de lo común. En la antigua capilla del Museo Diocesano, la combinación de proyecciones, luz, sonido envolvente y auriculares individuales sumerge al visitante en un viaje que parte de la oscuridad y la destrucción para conducirlo hacia un mensaje de transformación y esperanza.
La propuesta se inspira en las visiones del Beato de Liébana, pero no se limita a recrear su imaginario medieval: lo reinterpreta en clave contemporánea, invitando a reflexionar sobre el presente y el futuro de nuestra sociedad. El resultado es una vivencia sensorial que mezcla lo espiritual con lo artístico, lo histórico con lo tecnológico, convirtiéndose en una de las experiencias más singulares que se pueden disfrutar hoy en Cantabria.
Si quieres conocer más acerca de esta experiencia pinche aquí.
Una cena con carácter
Al caer la noche, la jornada en Santillana del Mar concluye con una cena en el Hotel Museo Los Infantes, en su restaurante «La Chimenea«, un verdadero festín para los sentidos. Los comensales pueden disfrutar de platos típicos de Cantabria, comenzando por las rabas crujientes y recién fritas, o un reconfortante cocido montañés, ideal para recuperar fuerzas después de un día intenso.
Los amantes del pescado encuentran propuestas que no decepcionan: lubina al horno con patata panadera o bonito a la plancha acompañado de ensalada fresca. Para quienes prefieren la carne, el chuletón de vaca tudanca y las ya famosas burgers de carne de buey son la estrella de la carta.
Además, el restaurante ofrece tostas variadas y una selección de postres caseros que redondean la experiencia: la tarta de queso, la tarta de zanahoria y las torrijas con helado de turrón se convierten en un broche dulce perfecto para un día que combina cultura, naturaleza y gastronomía.
Cada plato refleja la calidad de los productos locales y el cuidado en la preparación, haciendo que la cena en el hotel sea un verdadero cierre memorable a la odisea por Santillana del Mar.

Un día en Santillana del Mar es suficiente para entender por qué este rincón de Cantabria es considerado un tesoro vivo. Desde el despertar entre los muros históricos del Hotel Museo Los Infantes, pasando por la emoción de contemplar los bisontes de Altamira o ascender al Monte Castillo con sus vistas y leyendas medievales, hasta perderse entre calles empedradas llenas de historia, la villa regala al viajero una experiencia completa.
La cultura, la naturaleza y la gastronomía se entrelazan en cada momento: museos sorprendentes, joyas románicas como la Colegiata, palacios señoriales, y un final de jornada que invita tanto a la reflexión con la experiencia inmersiva de Apocalypsis como al disfrute más terrenal con una cena de sabores auténticos de Cantabria.
Santillana del Mar no es solo un destino para ver; es un lugar para sentir, saborear y recordar. Una villa que atrapa y que siempre deja la sensación de querer volver para seguir descubriendo sus secretos.