Ayer, parte del equipo del Hotel Museo Los Infantes tuvo la oportunidad de participar en una experiencia muy especial organizada por el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, dentro de la XIX edición de la Noche de los Museos. Una propuesta única que permitió descubrir la Neocueva desde una perspectiva tan emocionante como cercana a la vivida por sus antiguos habitantes.

La experiencia comenzó en la terraza del complejo museístico con un taller dedicado al fuego y a los sistemas de iluminación utilizados en la Prehistoria. Allí nos explicaron cómo los habitantes de Altamira habían logrado dominar el fuego, tanto en su creación como en su transporte mediante antorchas y lámparas de tuétano. Aprendimos además cómo se preparaban estas lámparas, elaboradas a partir del tuétano extraído de los huesos de los animales que cazaban y utilizado como combustible natural.

Posteriormente accedimos a la Neocueva, preparada de forma excepcional para esta jornada. Para la ocasión se había abierto la boca de la cueva —habitualmente cerrada mediante un cerramiento acristalado durante la visita ordinaria—, permitiendo reproducir unas condiciones ambientales mucho más próximas a las de la cueva original. A ello se sumaba una decisión especialmente evocadora: prescindir completamente de la luz eléctrica. La sala permanecía iluminada únicamente por las mismas lámparas de tuétano cuya elaboración acabábamos de conocer. Nos explicaron que cada una de estas lámparas tiene una autonomía aproximada de tres horas, y que para iluminar la cavidad durante aquella noche fueron necesarias más de veinte lámparas.

Contemplar las pinturas en estas condiciones resultó profundamente impactante. La iluminación oscilante permitía descubrir las figuras tal y como probablemente las observaron sus creadores hace miles de años. Durante la visita nos explicaron cómo aprovechaban los relieves naturales y las grietas de la roca para dotar de volumen y profundidad a las representaciones, combinando además distintos pigmentos naturales. Para los tonos negros utilizaban carbón vegetal, mientras que los colores rojos y ocres se obtenían mediante minerales ricos en óxido de hierro y arcillas rojizas.

Otro aspecto especialmente interesante fue conocer que las pinturas pertenecen a dos etapas diferentes y a dos ocupaciones humanas distintas de la cueva, lo que convierte Altamira en un extraordinario testimonio de continuidad y evolución artística en la Prehistoria.

La velada se completó con música en directo y un ambiente difícil de describir con palabras, pero que permitía comprender por qué Altamira sigue siendo considerada una de las grandes joyas del patrimonio universal y, como muchos la definen, “la más bella prehistoria”.

Para nuestro equipo fue, sin duda, una experiencia enriquecedora y una magnífica oportunidad para acercarnos todavía más a uno de los grandes tesoros culturales ligados a Santillana del Mar que siempre recomendamos descubrir a quienes nos visitan.

Y es que viajar a Santillana del Mar supone mucho más que alojarse en uno de los pueblos más bellos de España; es descubrir un entorno donde historia, arte y patrimonio siguen vivos. Lugares únicos como Altamira, capaces de emocionar miles de años después, convierten cada estancia en una experiencia memorable.

 

Desde el Hotel Museo Los Infantes, antiguo palacio convertido en hotel museo y situado en pleno corazón de la villa, invitamos a nuestros huéspedes a vivir y descubrir este legado excepcional desde un enclave lleno de encanto e historia propia.